
Las hojas de los árboles se encienden y una nueva paleta de colores se despliega. Las mañanas son más frescas, la lluvia alterna con la niebla. Y la alegría dispersa del verano, lentamente, se condensa; muta y fluye disfrazada de tristeza.
Lobos corriendo por mi piel
desaforados, en celo
ojos amarillos multiplicándose
como amebas
crecen
sobre el látex de mi cueva.
Necesito tocar algo
hasta que sea real
asirlo fuertemente quizás
estrangular
y sangre que huela a sangre.
Quiero sentir cómo se tensan
las fibras de mi vida
y desgarrarlas;
respirar tan sólo
porque amanece.
ser parte de la jauría
y devolverme
la libertad a dentelladas;
sentir la carne desnuda
emerger sin mediaciones
con su perfume a óxido y melaza.
Puedo lamer
mi desesperación
y oír el chocar de quijadas
cuando se rompen las cadenas.
Aúllan. Aúllo.
Hoy no hay estrellas.
Está la luna a secas.

